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Published On: Jue, nov 1st, 2018

¿Amenaza o posibilidad? Los escenarios para EEUU si cierra su frontera con México

El paso de la caravana de migrantes centroamericanos por México ha hecho que hierva la retórica del presidente Trump, quien amenaza con un eventual cierre de su frontera sur. ¿Qué consecuencias acarrearía esa decisión?

La patrulla fronteriza de EEUU vigila el puente internacional con México. Jose Luis Gonzalez / Reuters

La patrulla fronteriza de EEUU vigila el puente internacional con México. Jose Luis Gonzalez / Reuters

La potente imagen de una columna de personas que se abre paso desde Centroamérica hacia EE.UU. alarma de tal manera al inquilino de la Casa Blanca, que ha pedido detenerla cuanto antes, porque la considera un “ataque”.

“Debo, en el más fuerte de los términos, pedir a México que detenga este ataque, y si no puede hacerlo, llamaré al ejército de los EE.UU. y cerraremos nuestra frontera sur”, escribió el presidente estadounidense, Donald Trump, a mediados de octubre.

Más allá de las retóricas, lo cierto es que esa amenaza de fuerza no dejaría ilesa a la economía estadounidense y podría significar una severa lesión para una relación comercial que factura entre 1.500 y 2.000 millones de dólares diarios, apunta Enrique Dussel Peters, doctor en Economía, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ante ese escenario, ¿qué tan factible es que EE.UU. decida enviar tropas a su frontera sur y bloquear el paso?

El costo de la amenaza

Para Dussel Peters, quien se ha especializado en investigar el desarrollo del sector manufacturero, comercial y regional en América Latina y en particular en México, las palabras de Trump no constituyen una amenaza inmediata.

“Yo realmente no creo que vaya a cerrar la frontera, porque sería un escupitajo al aire”, sostiene el académico. La razón de su incredulidad es que cortar de un día para otro el flujo binacional implicaría la cancelación –o al menos una merma significativa– del comercio de las redes de autopartes, de la industria textil y de las comunicaciones, una acción que afectaría severamente a la economía estadounidense, puesto que son las empresas de ese país las que tienen mayor peso en la balanza comercial con México.

“Clausurar el paso de personas y mercancías sería igual de devastador que un tsunami. Solo por citar un ejemplo, la venta de autos podría detenerse, porque muchas de las partes son de manufactura mexicana. Esa acción, en todo caso, tiene poco sentido económico y estratégico”, agrega.

Coyuntura y oportunidad

El especialista considera que la razón real de esa advertencia reside en las elecciones de medio término que se celebrarán el próximo 6 de noviembre en EE.UU. para renovar el Congreso: “No tengo los mejores servicios de inteligencia, pero tampoco creo en coincidencias. En todo caso, no descarto que en estos 10 días Trump aumente su retórica contra la inmigración para salir mejor parado en las urnas”.

El peligro de esas estrategias, advierte Dussel Peters, es que la retórica no alcance y Trump decida pasar a los hechos para hacer una demostración de fuerza que le permita mayores adhesiones: “Con él, México no puede descartar nada, porque su agresividad es la misma que cuando era candidato presidencial”.

De hecho, la semana pasada Trump dejó en evidencia su uso político del tema de la caravana de migrantes con el propósito de buscar votos para la bancada republicana: “Cada vez que usted vea una caravana, o personas que vienen ilegalmente, o intentan ingresar ilegalmente a nuestro país, piense y culpe a los demócratas por no darnos los votos para cambiar nuestras patéticas leyes de inmigración”, escribió en Twitter.

“A mí me parece que todo este revuelo está muy medido políticamente. Trump iba a unas elecciones donde todo pintaba que le iba a ir muy mal, pero quién sabe si ahora, después de esta amenaza, logrará sumar más votos para su bancada”, afirma Dussel Peters.

Cierres anteriores

No sería la primera vez que un presidente estadounidense decida cerrar la frontera de EE.UU. con México. Antes lo hicieron Ronald Reagan, en 1985, tras el secuestro y asesinato de Enrique Camarena, un agente de la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sis siglas en inglés) en México; y George W. Bush, en 2001, luego de los ataques en Nueva York y Washington el 11 de septiembre.

En el libro ‘The Rebordering of North America: Integration and exclusion in a new security context’ (El reordenamiento de América del Norte: integración y exclusión en un nuevo contexto de seguridad), el politólogo estadounidense Peter Andreas –que comparte autoría con Thomas Biersteker– dice con respecto al cierre de 2001 que para la fecha el comercio transfronterizo de EE.UU. con México promediaba los 670 millones de dólares diarios y cayó aproximadamente un 15 % al día durante las semanas posteriores al ataque.

“Las más afectadas fueron las fábricas de aparatos electrónicos, de productos textiles y químicos, así como las empresas mexicanas proveedoras de componentes para la manufactura de vehículos estadounidenses”, refiere Andreas.

Otro antecedente fallido

Otra medida similar, que resultó fallida, fue aplicada por el presidente Richard Nixon en 1969, bajo el nombre de “Operation Intercept” o —en español— “Operación Intercepción”: un plan para detener a quienes pretendieran contrabandear drogas. Aunque ese operativo, que se puso en marcha el 21 de septiembre de 1969, no significó un cierre total de la frontera, sí determinó una intensificación de la vigilancia en la zona limítrofe con México, por tierra, aire y mar.

Según el texto “Operación Intercepción: una política de presión internacional”, de Richard Craig, recogido en el portal mexicano Foro Internacional, todas las

personas que necesitaban ingresar a territorio estadounidense por la frontera mexicana debían pasar por una minuciosa revisión en la aduana, en cuya espera podían verse detenidas por largas horas.

De acuerdo con Craig, la medida se iba a mantener “por un período indefinido”, pero solo duró 19 días. “Fueron inspeccionadas más de cuatro millones y medio de personas y sus pertenencias” y el balance final arrojó, entre lo más relevante, el decomiso de “22,38 kilogramos de peyote, 20 centímetros cúbicos de morfina, 7,5 gramos de cocaína, 1 kilogramo de heroína y 1.493 kilos de marihuana”. El investigador dice que “durante las casi tres semanas que duró, el programa costó a los contribuyentes norteamericanos cerca de 30 millones de dólares [alrededor de 210 millones de dólares a precios actuales]“.

Pero hubo aún problemas económicos más importantes para ambas partes fronterizas. Para México, según Craig, significó la cancelación de hasta 70 % de las ventas y reservaciones de paquetes turísticos. Para EE.UU., las consecuencias fueron mayores, porque en ciudades estadounidenses como Nogales, San Diego y El Paso, el 70 % de las compras eran realizadas por mexicanos, que se vieron impedidos de ir allí por la medida y estimulados a no hacerlo por una campaña de “compre en México” que, con el nombre de “Operación Dignidad”, realizaron “empresarios, líderes sindicales y estudiantes” como represalia al plan de Nixon.

De acuerdo con Craig, más que las pérdidas económicas, “el proyecto todo adquirió tonos racistas, era una afrenta ultrajante contra la dignidad humana”, porque auspició la creencia de que “los mexicanos eran criminales, traficantes y drogadictos”, calificativos que operan hasta la actualidad.

Nazareth Balbás, en colaboración con Edgar Romero | RT

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