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Published On: Sab, jun 16th, 2012

El maná de los políticos

POR: AMELIA MARIA DOVAL

Los recientes acontecimientos que se han divulgado, nos hacen pensar que la depravación de los gobiernos de las ciudades es un hábito demasiado común, para no tenerlo en cuenta. Lo doloroso no es que existan personas que intentan llegar a la riqueza, sin aportar más que palabras vacías en un extenso discurso, subidos sobre los hombros del pueblo trabajador, sino que ese mismo pueblo no se sienta poderoso (empoderado) para tomar su papel y exigir.

Si estamos en una democracia, si quienes los impulsan al poder es el largo camino de los electores, si quienes los sostienen son los electores, si quienes pagan sus salarios son los electores; entonces los electores deben tener el derecho de exigir que se rinda cuenta de cada actividad que realizan y además cuestionar sus tan largos mandatos que pueden transformarse en legados vitalicios.

El poder corrompe, el dinero destruye, siempre que ambos se obtengan sin otro esfuerzo que destruir todo a su paso. El pueblo común y trabajador se siente ofendido, pero inerte. Sufren el padecimiento de la indiferencia y la convicción que sólo cambian los rostros, no las manías. Ello, los lleva a admirar los fracasos de los gobiernos fallidos, un punto a favor para la destrucción de la moral. Ha llegado el momento, en que nos conformamos con el elegido que menos roba o el  que robe  y deje algo de beneficio a la ciudad. Es casi imposible de creer.

La carrera política se ha convertido en un  negocio lucrativo que no implica la convicción de buen ciudadano servidor público y donde el final representa una carta vencedora. El más reciente caso Jorge González, administrador de Miami Beach ganaba al año $273, 000, según cifras citadas que en sus 12 años de mandato dejaría un saldo que muchos de sus votantes no sabrían pronunciar. No obstante, las leyes lo protegen y el pueblo seguirá pagando por sus faltas, porque al ser obligado a renunciar recibirá una pensión anual de $125,000. Con estos ejemplos, nuestros hijos aprenden las peores lecciones de vida.

El país se enfrenta a una crisis que deja sin empleos a un número elevado de trabajadores, la ayuda para la educación de los niños se comienza a vetar considerablemente, los seguros médicos no reciben ayuda del gobierno y la población sigue cargando con sus enfermedades sin darle solución. Una nueva Ley de Asistencia Asequible (ACA) abriría las puertas a un mercado de los seguros a través del flujo del internet y con esto la competencia estaría atacando directamente a los seguros privados. Al obrero, al ciudadano común no le han propiciado la posibilidad de opinar, simplemente el poder del poder se adueña del futuro y mientras continuamos viviendo de espaldas a la medicina.

Las ciudades continúan inundándose no sólo de agua sino de desastres. El pueblo continúa padeciendo el síndrome de las  víctimas y mientras en las oficinas refrigeradas y asistidos por un grupo de colaboradores, los funcionarios planifican cuál será el próximo golpe que los llevará a tener más ganancias.  El delito se viste de traje y la policía persigue al que huele a sudor.

Ustedes hombres y mujeres trabajadoras se han preguntado ¿por qué está pagando por las escuelas privadas de los hijos de estos oficiales del gobierno, sus viajes de vacaciones, sus carros, sus casas, los regalos y demás y a cambio recibe una mirada de inferioridad que es la migaja que le dan? La respuesta es simple, ustedes no cumple con su deber ciudadano: no exige, no se preocupan por votar, no se quejan, aceptan y cooperan en la destrucción de la imagen de poder de esta Nación.

Este país ha sido fundado sobre  las raíces de la democracia. No exijan con gritos, ni manifestaciones callejeras, ni palabras abusivas o imágenes degradantes. Comenzando por ustedes, exíjanse a ser un buen ciudadano, aprendan a ser gobernado y escoja vestir el traje de elector con orgullo. Aprovechen la libertad de ejercer la soberanía eligiendo a sus dirigentes, pero antes exijan que las leyes le abran el camino. No más mandatos duraderos, ni escogidos por otros, ni altos salarios sin reportar logros, ni compensaciones al fracaso. Protejan su trabajo y sus aportes a la sociedad. Ellos escogieron servirle, y como obreros de la comunidad deben actuar.


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