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Published On: Mar, abr 24th, 2012

Familias divididas, leyes injustas

POR: AMELIA MARIA DOVAL

Cuando desde nuestra aparente superioridad criticamos, atacamos y censuramos a otras culturas por desproteger a sus ciudadanos estamos cometiendo perjurio público, mintiendo sin reservas, mostrando una imagen falsa y distorsionada de nuestra realidad, primero deberíamos sacudir nuestro propio árbol de las injusticias.
Es totalmente cierto que los gobiernos tienen el derecho de escoger, según sus leyes, a quienes les abren las puertas de entrada a un territorio. Un exceso de libertinaje fronterizo puede provocar una crisis potencialmente dañina a la economía del país receptor y un acomodamiento de los gobernantes que buscan solucionar sus grandes retos en el poder a través de la inmigración y las remesas familiares.
Acuerdos, tratados y controles aduanales podrían evitar el flujo descontrolado, la delincuencia y otros problemas colaterales que son provocados por ilegales que llevan una vida dentro del país sin regirse por las leyes del mismo. Este impacto social, sicológico, económico, educativo y cultural trasciende de los hogares a las calles es cierto, pero es evidente que medidas arbitrarias no redundarían en logros migratorios sino en abusos.
Con la misma estricta severidad que se plantean las leyes antinmigrantes deben ser presentadas las leyes pro-ciudadanos, pues aunque resulte contradictorio, los hijos de quienes no tienen papeles a veces poseen una mayor legalidad en el país que algunos hijos de quienes pueden mostrar una residencia otorgada por el servicio de inmigración.
La Decimocuarta Enmienda a la Constitución, posterior a la Guerra Civil, ratificada el 9 de Julio de 1868 y propuesta el 13 de Junio de 1866, incluye dos Cláusulas importantísimas en nuestro tiempo, una del Debido Proceso y otra referida a la Protección Igualitaria. Este documento deja claro que los estados deben proveer con una protección igualitaria ante la ley a todas las personas dentro de la jurisdicción y queda especificado que no es sólo a los ciudadanos.
La Decimoquinta Enmienda establece que todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujeta a una jurisdicción, es ciudadana del país y del estado en que reside. Ningún Estado puede crear o implantar leyes que limiten privilegios o inmunidades de los ciudadanos de los Estados Unidos, ni podrán privar a una persona de su vida, libertad, o propiedad, sin su debido proceso legal. Ni negar a persona alguna dentro de su jurisdicción la protección legal igualitaria.
Si a todos nos parece que expulsar del país a una madre por no tener estatus legal es una injusticia humana, estas dos Enmiendas a la Constitución reforzarían que no estamos equivocados. Los niños nacidos en esta tierra tienen la condición de ser ciudadanos americanos, por tanto privarlos del derecho de familia sería ilegal, atentar contra su libertad como humanos es un delito y despojarlos de sus propiedad más genuina que es la familia sería un acto contra toda justicia legal.
Una ley que surge dentro de un Estado que se proclama en contra de sus ciudadanos, de su juventud, de sus propios hijos está actuando en contra del cumplimiento del legado mayor de un país: La Constitución. Los errores de los gobiernos, las malas estructuras legales migratorias o los fallos en los convenios entre países, han recaído en las estructuras familiares que han quedado acéfalas y desprotegidas.
Los dineros gastados en corte, reclusión, traslados, discusiones, sostenimiento de hijos que comienzan a ser adoptados por el sistema gubernamental y otros no enumerados serían mucho más útiles si se invirtieran en establecer controles fronterizos, bases de dato, planes de legalización a corto o largo plazo. Un niño o niña educado por una institución es un ser humano con propensión a la inseguridad y al cuestionamiento de los valores esenciales de los humanos.
La dignidad de un país se mide por la manera en que enseñamos a los hijos a respetarlo y a confiar en sus leyes, en sus gobiernos que deben ser ejemplo de lealtad al ciudadano, protección y sobre todo que sea capaz de construir un futuro al alcance de la mano. Los métodos actuales están apuntando a la diana equivocada. Una familia destruida, con padres deportados deja abierta una puerta a la duda. Los gobiernos son pasajeros, las leyes enmendadas, pero la familia seguirá siendo, eternamente, la célula central de una sociedad, la garantía de un futuro.

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