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Published On: Jue, mar 21st, 2013

Religión e iglesia no son lo mismo

POR: AMELIA MARIA DOVAL

El pasado jueves 28 de febrero del presente año, la iglesia católica pasó a la historia con una nueva estadística, un Papa ha dimitido de su cargo vitalicio por no considerarse en condiciones de continuar su mandato. Las especulaciones se acrecientan, nada cierto hay sobre el tema.

Para algunos no es sorpresa, la iglesia católica ha venido enfrentando graves situaciones de abuso que destruyeron su imagen, su fuerza moral y su poder rector.

La juventud asustada y cuidadosa busca las nuevas opciones que han penetrado por las grietas dejadas, así se han desarrollado los “kikos”, la vertiente neucatametal y otras variantes.

La realidad es una y suficiente, la religión no está en crisis, lo que padece y agoniza es su casa de oraciones, su oficina rectora, algunos de los encargados de guiar, proteger y abanicar la fe para que su aroma se extienda, han pecado dañando con sus actos la imagen de la institución.

Próximamente, el cónclave se reunirá y tal como suele ocurrir cuando tantos seres humanos están juntos, las opiniones, criterios y deseos varían. Lo importante  no es que cuando el humo blanco se extienda en el aire tengamos un nuevo Pontífice que represente a la iglesia, lo necesariamente urgente es que a través del nuevo Papa, la iglesia se libere de sus ataduras y silencios.

Siglos de secretos se guardan en los archivos del Vaticano, majestuosas intrigas y menudas  apreciaciones de la realidad cotidiana coexisten en un mismo espacio. El Banco Ambrosiano, la Santa Alianza, los negocios en los que se involucran, el apoyo a gobiernos e ideas que atentan contra la soberanía e integridad de los pueblos.

La lista de fallas nos deja sorprendidos porque desde esa mirada dejamos de apreciar la iglesia con la espiritualidad necesaria para conservar la fe a su alrededor  y comenzamos a analizarla como una transnacional muy poderosa. Actos de avaricia terrenal que empañan la limpia labor de quienes se han consagrado a la labor espiritual.

Iglesia y Estado siempre han constituido una fuerza única de dominio y subordinación. La estrecha relación de dos poderes que han transgredido las líneas permisibles para instituirse como intocables, les ha facilitado esconder los delitos cometidos por algunos de sus miembros.

Han transcurrido seis siglos desde la anterior dimisión. En días pasados nos sorprendió a todos la decisión de Benedicto XVI porque el papado es una elección vitalicia de alta responsabilidad que se debe asumir hasta la muerte, sin embargo la línea de mandato ha sido rota desde el instante mismo en que el pontífice declaró, públicamente, su resolución de abdicar.

Cuando se vincula la historia a los acontecimientos más recientes se pueden llegar a especulaciones. En un principio se pensó en la delicada salud de Joseph Aloisius Ratzinger, algunos aseveran otros desmientes, la realidad es que se necesita reunir al cónclave y volver a elegir un nuevo Papa. Las boletas secretas una vez abiertas serán quemadas, y el humo blanco o negro dejará saber el resultado primero. Después vendrá una labor de titanes.

En el año 1418, con el Concilio de Constanza y el enfrentamiento de los Papas existentes se pedía una reforma del gobierno y de la vida de la Iglesia, en el año 2013 vuelve a ser necesario y urgente una reforma interna  con otras perspectivas y esta vez se inclina a que la verdad nos entregue la confianza, para con ello conseguir la fidelidad de las almas.

El próximo elegido a asumir la silla de San Pedro tendrá la responsabilidad de reestructurar y modernizar, en cierta medida una religión que se ha mantenido alejada de la vida de sus feligreses. No todo es unirse a las redes cibernéticas, ni viajar, es imprescindible gobernar, limpiar de errores la historia.

La constitución de la Ciudad del Vaticano como lugar sede de la Santa Iglesia a partir de 1929, con el Tratado de Letrán, firmado entre S.M Víctor Manuel III, Rey de Italia, Benito Mussolini, el Cardenal Pedro Gauparini  y el Papa Pío XI, concedió inmunidad diplomática a sus miembros y a la correspondencia, además de propiedades y  compensación monetaria.

Detrás de estos muros y en la villa de Castel Gandolfo, regalo del gobierno Italiano como parte del tratado, se desarrollará el proceso de transición de despedida del Papa Benedicto XVI hasta su morada final de recogimiento. Que sus oraciones y entrega ayuden a concederle a la iglesia la fuerza necesaria para que sus fieles se sientan protegidos en su seno con la humildad  de la entrega.

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