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Published On: Mie, ene 31st, 2018

Trump ensaya una retórica de político convencional en su Discurso sobre el Estado de la Unión

Washington.- Donald Trump se ha salido de su guion. Lo que quiere decir que se ha ajustado al guion. El presidente de Estados Unidos ha dictado su primer Discurso sin soltar nada extemporáneo. De hecho, lo más notable es lo que no ha dicho. No ha mencionado el escándalo por la presunta intervención de Rusia en las elecciones de 2016. No ha dado detalles, una vez más, del plan de inversión en infraestructuras al que fía su reelección. Ha hablado de reformar tratados comerciales, pero no ha dicho nada de México y Canadá, los dos países con los que EEUU está tratando de renegociar un tratado de libre comercio. Trump, el gran comunicador, ha salido con un discurso predecible, casi hasta aburrido.

Trump, muy en su estilo, ha jugado a la división. Pero - y esto es lo novedoso - lo ha hecho de manera indirecta. ATLAS

Trump, muy en su estilo, ha jugado a la división. Pero – y esto es lo novedoso – lo ha hecho de manera indirecta. ATLAS

Eso sí: el presidente ha dejado claro que sigue apostando por ese 35% de los votantes que le apoyan. Los evangélicos, las personas de nivel educativo medio-bajo han sido la clave de su discurso, que, con una hora y 20 minutos de duración, ha sido el más largo de las últimas décadas.

Trump, muy en su estilo, ha jugado a la división. Pero – y esto es lo novedoso – lo ha hecho de manera indirecta. Ha puesto a víctimas (negras) de la violencia de bandas criminales (latinas). Ha mencionado que “nos levantamos con orgullo cuando suena el himno”, en una referencia muy directa a los deportistas negros que se niegan a hacerlo como protesta a lo que perciben como racismo de la sociedad estadounidense. Y ha prometido que “despediremos a los funcionarios que no merezcan la confianza de la gente o no cumplan las expectativas del pueblo estadounidense”, justo en un momento en el que el Partido Republicano, en el poder, está llevando a cabo una purga del FBI, la principal organización del Gobierno que ha investigado la trama rusa.

El presidente estadounidense ha cultivado a sus votantes al prometer que defenderá la Segunda Enmienda – que garantiza el derecho de los estadounidenses a tener todo tipo de armas -, al reclamar todavía más gasto militar, y al defender su política energética. En su estilo, ha falseado los hechos (ni EEUU no es exportador de energía, como dijo, ni Chrysler – que, además, es italiana, no estadounidense – está dejando México para volver a Detroit), pero sin llegar a las exageraciones habituales. Trump también amenazó con retirar la ayuda estadounidense a países que se atrevan a votar en contra de ese país en la ONU, como sucedió en diciembre, cuando la decisión de Washington de convertirse en el primer país de mundo que reconoce la capitalidad de Jerusalén provocó un voto en contra de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Mano tendida a los demócratas

Trump declaró que “hoy extiendo la mano para trabajar con miembros de los dos partidos, demócratas y republicanos, para proteger a nuestros ciudadanos, cualquiera que sea su pasado, color, raza, y credo”. Recurrió a una retórica reaganiana al afirmar que “nunca ha habido un momento mejor que éste para vivir el Sueño Americano”, o sea, la doctrina que en ese país cualquiera que se esfuerce puede llegar a ser rico. Pero su agenda fue claramente partidista.

El presidente, fiel a sí mismo, empleó esa retórica para promover su plan de infraestructuras, un ambiguo proyecto en el que dice que va a invertir 1 billón. 1,7 billones de dólares, o 1,5 billones, dependiendo del día (hoy ha sido esa última cifra), aunque sin dar detalles al respecto. Lo más que llegó a especificar Trump es que la mitad de ese dinero será aportada por las administraciones locales. Hace una semana, esa proporción era un 60% mayor.

“EEUU es una nación de constructores. Construimos el Empire State Building en un año. Es una desgracia que tardemos ahora diez en autorizar una simple carretera”, dijo Trump, en una nueva defensa de su política desreguladora (es cierto que construir el que en su día fue el edificio más alto del mundo llevó doce meses, aunque no lo es menos que nadie sabe con exactitud cuántos trabajadores murieron en el proceso -entre 5 y 14- y que en aquella época se trabajaba las 24 horas del día, en turnos de 12 horas).

El punto más crítico del discurso fue la propuesta de Trump de combinar su política de cierre de fronteras con la apertura de una vía legal para que 2,8 millones de ‘sin papeles’ – los llamados ‘dreamers’ – que llegaron a EEUU cuando eran niños, con sus padres, adquieran la ciudadanía a partir de 2030. “Todos somos dreamers”, dijo el presidente de Estados Unidos. Dreamers, en inglés, significa soñador, y es también una derivada del acrónimo DREAM, que recibe la ley que Barack Obama trató sin éxito de impulsar para permitir su residencia legal en el país.

En su intervención también hubo tiempo para manifestar su insistencia en mantener activo el centro de detención de Guantánamo. “Acabo de firmar un decreto (…) para mantener abiertas las instalaciones en la Bahía de Guantánamo”, dijo. “Los terroristas son enemigos combatientes ilegales”, que “deben ser tratados como los terroristas que son”. Si es necesario serán “aniquilados”, si es posible serán “detenidos e interrogados”, aseguró.

Regreso de empresas a EEUU

Tal y como se esperaba, Trump celebró la toma de Raqqa, la autoproclamada capital del Estado Islámico, y celebró que, “desde diciembre, 3 millones de estadounidenses han obtenido ‘bonus’ vinculados al recorte de impuestos a las empresas aprobado por el Partido Republicano y sancionado por él. El financiero George Soros, enemigo declarado de Trump, ha comprado la práctica de varias grandes empresas de dar retribuciones extra a los empleados después de que Trump les bajase el Impuesto de Sociedades con el ‘capitalismo de amiguetes’ de los países en vías de desarrollo.

Con este mensaje, Trump ha tratado de cambiar el contexto político de Washington, que está marcado por la tensión por la trama rusa y por el intento del presidente y de parte de sus partidarios de deslegitimizar al FBI, la principal agencia policial de EEUU. El discurso llegaba justo tras un día marcado por la inexplicable oposición del Gobierno de Trump a imponer sanciones a Rusia, algo a lo que está obligado por una ley del Senado. Es una situación sin precedentes que amenaza con crear una crisis institucional.

La clave de la controversia es que el lunes, vencía el plazo dado por el Congreso para que Washington sancionara a países o entidades que hayan comprado armas a Rusia. Esas medidas están en una ley aprobada por el Senado en agosto con 98 votos a favor y 2 en contra, es decir, una supermayoría que impidió que Trump pudiera ejercer su derecho de veto, aunque, al sancionarla, el presidente estadounidense declaró que era un documento “deficiente”.

Sin embargo, el Departamento de Estado informó al Senado de que no va a sancionar a Moscú porque la mera existencia de la ley ha asustado tanto a los compradores de armas rusos (entre los que están, entre otros, los Gobiernos de Venezuela, Siria e Irán) que éstos han dejado de abastecerse en ese país. Así lo declaró la portavoz del Pentágono Heather Mauert en un comunicado en el que declaraba que “estimamos que, desde la entrada en vigor de la legislación, los gobiernos extranjeros han cancelado planes de compra de armamento ruso por valor de varios miles de millones de dólares”.

Es una frase que sale de la política y entra en el terreno de la fe, y que recuerda a la del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en mayo pasado, cuando declaró que, desde que Trump había tomado posesión del cargo, China había dejado hacer que su divisa cayera. En realidad, el renminbi, que es la moneda china, llevaba estable desde noviembre. Y en la actualidad está subiendo en relación al dólar, al igual que todas las monedas, incluyendo el euro, que se ha apreciado un 17% con respecto a la divisa estadounidense desde que Trump llegó a la Casa Blanca.

El segundo punto de debate también afectaba a Rusia. Pero era de índole, más que geoestratégica, o siquiera política, humorística. En la citada legislación, el Congreso exigía al Departamento de Estado del Tesoro, que es el que se ocupa de las sanciones económicas, que elaborara una lista de personas cercanas a Vladimir Putin y de ‘oligarcas” es decir, los multimillonarios rusos, que en su mayor parte han conseguido sus fortunas gracias a sus contactos con el Kremlin. El objetivo no era sancionar a esas personas. Pero sí aumentar la presión psicológica sobre ellas.

Y ahí, más bien, lo que aumentó fue el ridículo psicológico del Gobierno de Trump. La llamada ‘lista del Kremlin’, que iba a aterrorizar al equipo de Putin, consta de dos partes: los asesores del presidente ruso, cuyos nombres y cargos han sido extraídos de la web oficial del Kremlin, y los oligarcas, que han sido localizados empleando las más sofisticadas herramientas que el espionaje estadounidense tiene: la lista de la web de la edición rusa de la revista Forbes de Los 200 empresarios rusos más ricos. El Departamento del Tesoro confirmó a la web Buzzfeed que, efectivamente, el sistema analítico empleado para elaborar el documento correspondía, en líneas generales, a los comandos ‘Seleccionar’, ‘Cortar’ y ‘Pegar’, ejecutados en el teclado de un ordenador.

PABLO PARDO | EL MUNDO

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