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¿Hacia dónde va el Perú con la propuesta de la nueva ley magisterial?

En muchos casos, la calidad de la educación obedece a la calidad de la formación profesional del maestro.

La inesperada decisión del gobierno de proponer una nueva ley -denominada Ley de Desarrollo Docente- que regulará la situación del magisterio en el Perú, dejando de lado las dos normas que hasta ahora venían vigentes -Ley 24029, Ley del Profesorado y la Ley 29062, Ley de Carrera Pública Magisterial- ha originado diversas reacciones entre los políticos y los propios maestros.

En el Congreso de la República, a iniciativa del bloque aprista y apoyo de otros grupos amenazaron de inmediato con una prematura interpelación a la ministra de Educación, Patricia Salas O’Brien, que con el correr de los días fueron diluyéndose ante las críticas por apresurado, en vista que nadie conocía aún el mentado proyecto, hasta que apareció después para su debate.

Sin duda, los apristas trataron de defender ‘a capa y espada’ la ley de Carrera Pública Magisterial que el gobierno de Alan García la dio en el 2007, norma que no garantizó avance alguno resultando muy cuestionada por las deficiencias durante su aplicación, como las evaluaciones del magisterio para adecuarse a los niveles de carrera muy criticadas y que a la postre no contaban ni con el presupuesto correspondiente para quienes debían percibir el haber según la nueva ubicación alcanzada.

De los 350 mil docentes al servicio del Estado solo un promedio de 25 mil –según información del ministerio de Educación- lograron ingresar a la carrera magisterial hasta el 2011. El solo hecho de existir dos leyes con distintas cuestiones de fondo ha generado constantes fricciones entre maestros y autoridades.

La ley del Profesorado, que data del segundo gobierno de Fernando Belaunde, tuvo muchos vacíos que trató de complementar la ley de la Carrera Pública Magisterial sin lograr su propósito a favor del maestro, que se siente maltratado.

GREMIO BICEFALO

No solo el maestro enfrenta la incertidumbre como profesional y servidor del Estado cuyos haberes siguen “congelados” desde hace tiempo y algunas bonificaciones incumplidas -caso del 30% por preparación de clases- motivando la huelga indefinida en varias regiones del país que ya sobrepasan los cuarentaicinco días sin dictado de clases, preocupando a los padres por lo que podría significar la pérdida del año lectivo de no solucionarse oportunamente al problema.

El gremio magisterial -el Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación del Perú, SUTEP- de un tiempo a esta parte ha venido en descrédito, perdiendo gradualmente a sus integrantes. El motivo: su abierta politización con la facción izquierdista de Patria Roja, cuyos dirigentes obedecen más a los mandatos del partido que las exigencias gremiales como tal. Los maestros de base siempre dudaron ante tal comportamiento de los dirigentes y critican que no se puede servir “a dos amos” al mismo tiempo.

Los principios gremiales no se condicen con la politización partidaria. Ningún sindicato debe prestarse como instrumento de tal o cual partido si no quiere perder su propia identidad. Sin embargo, esta práctica evidente del Sutep ha dado pie para la aparición pública de otra facción: el llamado “Comité Nacional de Reorientación y Reconstrucción del Sutep”, CONARE, vinculado al movimiento pro senderista MOVADEF, que defiende los principios del grupo terrorista Sendero Luminoso, SL, que desató la barbarie en el Perú por más de quince años a partir de los ’80.

Los dos grupos gremiales se critican mutuamente por el mismo motivo: su politización partidaria. Si bien el Sutep, oficialmente reconocido, maneja las principales instituciones magisteriales como Derrama Magisterial, Centros de recreación y ahora el Colegio de Profesores que los apoyan, fue quien organizó los paros y huelgas reivindicativas aunque no siempre con éxito, ahora el CONARE lidera la huelga magisterial indefinida en las regiones de Cusco, Puno, Ayacucho, Huancavelica y en dos o tres más en el norte, persistiendo en dialogar con las autoridades del Sector que le rehúyen por temor a las críticas.

EL MAL PERSISTIRA

Este enrarecido ambiente gremial no contribuye por el momento a lograr la solución a los verdaderos problemas del maestro: las reivindicaciones económicas, profesionales y laborales. El maestro mismo se siente marginado, sin el apoyo serio y responsable de su gremio, obedeciendo reticente a las consignas de los dirigentes por temor al maltrato o la marginación de sus propios colegas en la escuela, sobre todo los contratados. En esta situación no solo pierde el maestro, pierde también la Educación.

La calidad del servicio educativo en los diferentes niveles –la Educación Básica y la Educación Superior- han desmejorado hasta llegar a los últimos lugares frente a otros países de la región. Hasta la universidad ha perdido brillo no solo por la falta de presupuesto que constriñe sus actividades académicas, sino también por la particularidad profesional de sus catedráticos que por los bajos sueldos tienen que recurrir a otros trabajos, quedando la universidad en segundo lugar, que hasta los horarios se adecúan caprichosamente a las necesidades del docente.

En muchos casos, la calidad de la educación obedece a la calidad de la formación profesional del maestro. Hace falta un requisito indispensable: vocación para esta noble tarea. Vocación que dé sustento y compromiso para el ejercicio como verdadero maestro. Y este aspecto fundamental debe tenerse en cuenta desde el momento del ingreso del postulante a la formación profesional, lo que no sucede actualmente. La fácil manipulación y carencia de criterio de muchos maestros así lo demuestran.

CAMINO INCIERTO

La falta de un proyecto serio y realista para una educación a mediano y largo plazos como Política de Estado, genera la incertidumbre al ver que los gobiernos seguirán presentando cada quien su propio programa anodino de corto plazo, perjudicando la formación de las generaciones y el desarrollo de la sociedad como país. Siempre hemos sostenido que la educación busca solo dos objetivos: oprimir o liberar. Y hasta ahora nuestra educación rueda dudosa en la ambivalencia.

El problema educativo depende también del maestro. Como agente insustituible de la educación, tiene en sus manos el reto para hacer de ella el verdadero factor de desarrollo, porque es un importante factor de cambio. Pero, se requiere de compromiso y responsabilidad para promover y fortalecer principios y valores desde el aula como fundamento de una educación liberadora sobre bases democráticas y equitativas donde la justicia, solidaridad, el respeto tengan después sentido en el comportamiento de la sociedad.

Por su parte, el Estado a través de sus gobernantes tiene la obligación de atender las necesidades de la educación y del maestro, así como de las instituciones que se dedican a la formación de las personas y requieren de la infraestructura y el equipamiento pertinentes. Ninguna reforma educativa será trascendente y fructífera para la sociedad si no se cumplen con los parámetros que garanticen su éxito.

Considerar a la educación como una actividad de segunda clase por no ser rentable en términos del retorno inmediato de las inversiones, sería peligroso. Y desmerecer al docente como hasta ahora, no ayudará a mejorar la sociedad que anhelamos, donde las nuevas generaciones podrán desenvolverse como ciudadanos de bien. En ese sentido, la educación y el maestro tienen la responsabilidad de trazar el rumbo que el país requiere para su verdadero desarrollo.

SIXTO EDUARDO CANCHANYA
secanchanya@peru.com

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