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Niño inmigrante salvadoreño llevará la voz de los menores al Congreso de EEUU

Junto con otros inmigrantes de todo el país pedirán al Congreso intervenir para que no sigan las redadas y acciones contra las familias centroamericanas

Anderson y su madre. Gracias a la Ley de Protección de las Víctimas de Tráfico, un año después de llegar a Los Ángeles, el menor consiguió el asilo político. Photo by Aurelia Ventura/La Opinion

Anderson y su madre. Gracias a la Ley de Protección de las Víctimas de Tráfico, un año después de llegar a Los Ángeles, el menor consiguió el asilo político. Photo by Aurelia Ventura/La Opinion

Anderson Lemus, un menor de 11 años que hace dos años llegó a Los Ángeles al escapar de los pandilleros y para reunirse con su madre, Geyso Lemus, estará este miércoles en Washington D.C. para decirles a los congresistas y aliados que paren las redadas contra las familias centroamericanas.

“Cuando los tenga enfrente les voy a decir que le pidan a Migración que hagan todo lo posible para que no deporten a niños y las familias permanezcan unidas”, dice con timidez Anderson, quien en abril de 2014 llegó a Estados Unidos después de un viaje de dos semanas que emprendió desde su pueblo Chalatenango, al noroeste de El Salvador. Al llegar a Houston, Texas fue detenido por agentes de migración quienes lo enviaron a un centro de detención en Chicago.

Después de dos semanas, fue entregado a su madre a quien prácticamente no conocía porque era un bebé de seis meses cuando ella lo dejó a cargo de la abuela materna para venir a Estados Unidos.

ABOGARÁN POR LAS FAMILIAS MIGRANTES

Geyso Lemus, quien acompañará a su hijo y serán parte de un grupo de inmigrantes que irán de todo el país a poner presión contra las redadas que iniciaron a principios de año contra familias centroamericanas, espera que los políticos de Washington tomen en cuenta lo que van a decirles cada uno de los que hacen el esfuerzo por ir hasta la capital de la nación, y sobre todo que escuchen lo que las familias inmigrantes han sufrido al estar separadas.

Lemus estuvo separada de su hijo casi 10 años. “Me dolió en el alma dejarlo con mi mamá para venir a Estados Unidos. Lo hice obligada por circunstancias muy difíciles que no puedo revelar. Lo dejé a los seis meses de edad, una vida entera. Cuando iba a cumplir 10 años ya no pude más. Me enteré que la pandilla de los 18 lo tenía amenazado con que tenía que ser parte de ellos al cumplir los 10 años. Lo habían golpeado y causado quemaduras”, observa.

La madre dice que como pudo consiguió 3,800 dólares para pagar al “coyote” para que le trajera a su hijo.

“Yo no sabía que existía un programa por medio del cual me lo podían entregar sin importar que yo fuera indocumentada”, comenta.

Recuerda que cuando le enviaron a su hijo del albergue de Chicago y lo vio por primera vez caminar hacia ella en el aeropuerto de Los Ángeles, “sentí como si el corazón se me quebrara de felicidad”.

Aunque hablaban a diario por teléfono, no era lo mismo.

“El niño estaba bien. Sólo lo encontré delgado, demacrado, un poco asustado aunque yo le decía que fuera fuerte durante el viaje como el corcel de una película que a él le gusta mucho”, dice.

Gracias a la Ley de Protección de las Víctimas de Tráfico, un año después de llegar a Los Ángeles, Anderson consiguió el asilo político.

“A mi las maras me golpeaban, me llegaron a cortar una vez en la escuela. Y que bueno que pude salir porque ahorita dicen que están matando gente”, comenta el menor.

La madre de 27 años de edad  lamenta que la violencia cada día esté peor en su país.

“Las familias abandonan sus casas. A muchas las han matado porque no pagan las cuotas que les exigen las pandillas. La gente en el campo no puede ni tomar un camión porque los asaltan. Viven con miedo. Ahorita no se puede ir de una colonia a otra por las pandillas rivales. Si uno se atreve a ir, lo pueden matar”, observa.

Al menor se le ve contento ahora, entusiasmado con el viaje a la capital del país.

“Me gustaría ser constructor de casas y edificios cuando crezca”, confía.

Revela que su materia favorita son las matemáticas. Su madre dice que aunque el niño se ha adaptado muy bien, aún lo nota con miedo y le han diagnosticado epilepsia.

Tessie Borden, portavoz de CARECEN, una organización que impulsa el viaje a Washington D.C., dice que tuvieron que hacer una colecta de ropa de invierno para dotar a las familias con abrigos durante el viaje.- LA OPINION

POR: ARACELI MARTÍNEZ ORTEGA

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