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Published On: Dom, dic 23rd, 2012

Celebrando y educando en estas fiestas

POR: AMELIA MARIA DOVAL

Una vez más la inocencia ha sido asesinada por una mente enferma por el odio. La sociedad continúa creando monstruos, evitando responsabilidades en la educación, menospreciando la importancia de la disciplina y las normas de respeto, actuando con una excesiva tolerancia de la mala conducta de nuestros hijos. Las escuelas reciben menos ayuda del gobierno y las sociedades más libertades para actuar impunemente.

El 2013 se avecina, está a la vuelta de la esquina y deberíamos todos terminar el año viejo reflexionando sobre los verdaderos valores que los humanos debemos conservar. Estamos a tiempo de aprender a vivir  dentro de la familia, construyendo hogares que es mucho más importante que fabricar casas tecnológicas.

La Navidad nos llega con sus tradiciones y aunque ha venido escoltada por los miedos, su objetivo no debe ser olvidado. Es una celebración para agradecer los bienes recibidos y el más preciado de todos es el amor de la familia y amigos. Lo que en su esencia es una celebración religiosa ha de continuar siéndolo.

La fe de los hombres es esencial para encontrar valores y se ha de respetar con humildad. No estamos en días de “Happy Holiday”, estamos en la época del año que debemos decir con orgullo “HAPPY CRISTMAS”  porque de eso hablamos. Estrechamos las manos de nuestros vecinos y sonreímos con la alegría, porque es el momento de dar gracias a nuestra existencia y cada religión tiene su época. Las christmas han llegado.

Tanto interés se ha tomado la prensa, el gobierno y la sociedad en menospreciar los valores religiosos que esto ha impactado en la humanidad. Los árboles  adornados, las  luces de colores, las alegrías van disminuyendo cada año.  No es difícil de entender, cuando más las crisis azotan menos deseos de festejar se tiene. No se encuentran los motivos, ni tampoco los recursos. La mente de consumir para recibir felicidad, está tan arraigada que nos daña profundamente.

El calendario Maya, los asaltos, las cifras de desempleo, los cambios atmosféricos, los robos, las muertes; noticias que van provocando un miedo casi histérico, son la justificación. El mundo no se va a destruir, somos nosotros los humanos que ante el libre albedrío escogemos matar nuestras esperanzas y cambiamos los valores fundamentales.

Nos sorprende observar en la televisión un programa donde una mujer se asoma semidesnuda. Nos acostamos incómodos cuando alguien dice una palabra mal dicha. Censuramos al joven que se enamora de una colegiala menor que él, sin embargo aceptamos la cruel realidad que ya es tradicional oscureciendo lo cotidiano. Padres destruyendo hogares, hijos aniquilando familias.

Aceptamos que los malos gobiernos ganen elecciones, la proliferación de la mala educación, los programas de internet y televisión que enseñan a crear delincuentes, permitimos las armas de fuego, apoyamos los cantantes groseros, aplaudimos los políticos que nos roban, los policías que son criminales. Dejamos introducir el odio, los rencores, la escoria dentro de nuestro cuerpo. Llamamos a la droga para que nos cure del mal de la existencia.

No nos importa cómo nuestros hijos ganan su dinero sino qué cantidad. Destruimos el papel de la familia, desobedecimos las leyes universales y olvidamos la religión por anacrónica, después creemos que otros son culpables y que el mundo se puede destruir.

Hablamos de riquezas materiales y no de valores espirituales. Consumimos alcohol tal como si fuese agua y el agua necesariamente embotellada para no dañarnos nosotros y si al medio ambiente. Vestimos ropas caras que no sirven para proteger el cuerpo sino para venderlo. Discursamos sobre temas baratos y los grandes asuntos nos parecen aburridos. A los seres humanos que piensan los tratan de locos y a los desequilibrados les entregan el poder. Es absurdo.

Mueren niños inocentes. Vidas que no llegan a adulto porque alguien decidió por ellos. Ha llegado el momento  de decir basta y preocuparnos por tener un futuro al alcance de la mano. Hay que tomar responsabilidad de quiénes somos y hacía qué lugar nos dirigimos. Urge educar a nuestros hijos dentro de los valores cívicos, no cambiando los sentimientos por objetos. Un abrazo, un por favor, un gesto amable son necesarios.

La sociedad y los gobiernos deben entender el papel de la familia, la importancia de los padres en la vida de los niños. El valor de los maestros. Estos tres factores son los que garantizan el futuro de cada país y de la humanidad.

No deben faltar los regalos, ni la alegría, ni las fiestas, pero dejemos un espacio para la reflexión, analicemos si estamos actuando correctamente. Cada miembro de la familia juega un papel vital dentro de ella. Aprendimos a consumir objetos y deberíamos, con la misma tenacidad, acostumbrarnos a dar amor y nuestro tiempo.

Felicitamos a todos por este nuevo año, esperanzados y con la vista en el futuro recibimos al 2013. No olvidemos nuestro dolor,  trabajemos para ser cada día mejores seres humanos, venciendo la maldad porque de otra manera ella nos puede derrotar. La mejor manera de vivir es viviendo y en ese largo camino está la felicidad que todos pretendemos. La naturaleza nos regala el amanecer, las flores, los animales, los olores, a nosotros nos corresponde devolver todo este milagro con amor, dejemos que el mejor regalo sea este.

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