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Published On: Dom, dic 9th, 2012

El poder de la industria del consumo

POR: AMELIA MARÍA DOVAL

Averroes (Ibn Rushd), un filósofo árabe musulmán asumió la importante tarea de defender y propagar la filosofía de Aristóteles, sabio inmerso en la ciencia positiva. Desde entonces estos pensamientos han sido escuela. En su obra hay temas de gran utilidad para analizar la realidad actual. Partamos del siguiente principio: imposible y falso no significan lo mismo.

Aunque la humanidad no logra concientizar su tan importante papel dentro del intercambio económico,  la superioridad de su fuerza numérica no es una falsedad y si no se ha podido vencer el hábito de perder y continuamos sirviendo a la fuerza del poder, esos que balancean la vida a través del mercado económico dominado por un producto político llamado petróleo, ha sido por la intensidad del dominio de los medios creando falsos criterios.

Comencemos por analizar que cada vez más la inmensa industria del consumo le roba el valor espiritual a las celebraciones, para transformarlas en períodos de gastos descontrolados. La sensibilidad y los valores morales decrecen. Nos abstenemos de comportarnos adecuadamente, con criterio propio, por miedo a no ser reconocidos socialmente y asumimos la identidad de grupo o el sentimiento de oveja. Esa misma industria que nos ha vaciado de espiritualidad para llenarnos de adicción al consumo, nos muestra una realidad distorsionada.

Hemos perdido el hábito de agradecer cada día, cuando alguna vez se creyó imposible de olvidar, también asumimos la imposibilidad de que una economía nos condujera a graves crisis económicas. Respaldamos la tesis sobre lo imposible de violentar las leyes de la lógica para fingir, sin embargo nos dejamos vencer por sus parámetros.

También decretamos imposible creer en la fuerza controladora del hombre sobre la naturaleza y opusimos resistencia a la lógica aceptando que las crisis han desafiado a los economistas.  Consentimos la falsedad de una realidad que esconde las ganancias anuales de las grandes corporaciones, de los bancos y las compañías de seguro.

Las pérdidas y el caos sólo atacan a quienes pagan, no a los receptores.

Olvidamos que, mientras la clase media en bancarrota pierde sus propiedades, otros hacen bancarrota bajo un nombre y se reinventan con otro, haciéndonos pagar sus faltas. Ejemplos hay suficientes.

Ha pasado ‘Thanksgiving day’ y más que agradecer ha sido, nuevamente, una jornada de gastos exorbitantes que anteceden las fiestas que se avecinan, sin pensar que ha culminado el día con la amenaza constante de un alza de los precios del petróleo, una intensa crisis económica, guerras en el medio oriente, avisos de inclemencias del tiempo, devastación total, calendario maya. Una sicología del fin, sin embargo, las puertas se abrieron al desenfreno de las compras. El poder controla nuestros miedos, “la única verdad es la realidad”.

Para visualizar esa realidad intentemos reflexionar con la verdad. Si la economía mundial ha descendido a tal grado de crisis globalizada sin solución aparente entonces, significaría una disminución considerable en el consumo  lo que afectaría de inmediato la industria y esto provocaría un estancamiento en el negocio del petróleo, del cual se derivan la mayoría de los productos y dependen los servicios. La oferta y la demanda determinarían una baja de los precios para incentivar el mercado. Lógica de negocios.

Un simple análisis de bodega, como dirían nuestros padres o quizás buscando respuestas a través del absurdo, nos dejaría claro el impacto que recibiría la industria del oro negro y sus derivados si el consumo de los productos disminuye.

La constante variable ascendente en el precio del petróleo provoca, inmediatamente, un alza del precio de venta de los productos y por supuesto en alguna medida de producción también, o sea las grandes industrias se mantendrán ganando el mismo o más porciento y los consumidores gastarán más.

Ambos análisis, aunque sencillos, nos llevan a simples respuestas. El poder político-económico mundial no pretende eliminar las tensiones que provocan una especulación del mercado con beneficios rentables para quienes lo controlan, pues no les interesa eliminar conflictos en zonas que representan centros neurálgicos para justificar los altos precios, tampoco les preocupa abaratar mercancías.

Es necesario, entonces tomar cordura, no invertir lo que no se posee para alcanzar lo que no se necesita. Una respuesta inmediata para desmantelar la industria de los excesos innecesarios, aceptando el mundo espiritual ante esta tentación.

Asumamos que, “nunca se alcanza la verdad total ni nunca se está totalmente alejado de ella”, porque  “es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo”, pues “no se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”.

 

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