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Jóvenes soñadores culminan caminata exigiendo aprobación del Dream Act

El Dream Act, que permanece varado en el Congreso desde 2010, de aprobarse podría beneficiar a más de 1,7 millones de estudiantes indocumentados.

El Dream Act, que permanece varado en el Congreso desde 2010, de aprobarse podría beneficiar a más de 1,7 millones de estudiantes indocumentados.

Una treintena de jóvenes «soñadores» culminó, en el histórico National Mall de Washington, una caminata de más de 4 mil 500 kilómetros para exigir la aprobación del Dream Act, recordarles a los gobernantes que no son «criminales» y reivindicar su trabajo por el país.

Los jóvenes iniciaron la marcha el mes de marzo de este año en San Francisco y recorrieron 13 estados de costa a costa.

«Ocho meses caminamos y conocimos muchas historias. Traemos todas esas historias de diferentes comunidades a Washington para decir a los legisladores, a los que tienen el poder de hacer algo por nosotros, muchas comunidades están sufriendo», explicó José Sandoval, de 19 años y estudiante en la Universidad de Berkeley.

Ante la negativa del Congreso a aprobar el Dream Act, el presidente, Barack Obama, activó el 15 de agosto un alivio temporal, conocido como Acción Diferida, que les permitirá postergar por dos años su deportación y obtener un permiso de trabajo temporal.

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No obstante, muchos consideran la medida insuficiente, ya que mantienen la incertidumbre sobre los jóvenes indocumentados que crecieron en EEUU, y quienes están poco a poco saliendo a la luz para reconocer su condición.

Los «soñadores» estuvieron acompañados por el joven periodista y premio Pulitzer José Antonio Vargas, quien ha sido la cara visible de este colectivo inmigrante desde que reconoció su situación en un artículo en el New York Times, por haber entrado a los Estados Unidos cuando eran menor de edad junto con sus padres, procedente de Filipinas.

«Estoy honrado por ser parte del grupo, y por el coraje y el sacrificio mostrado por los ‘dreamers’ en su recorrido», explicó Vargas, que consiguió el prestigioso galardón por su trabajo en el Washington Post.

Vargas rememoró el «miedo» que sintió por primera vez al llegar a Washington para trabajar cuando no tenía papeles, por lo que subrayó que es «un orgullo ver a gente como ustedes luchando por los derechos básicos».

Los soñadores pusieron fin a su prolongado periplo justo al lado de dos emblemáticos monumentos de la capital estadounidense, el Obelisco y el memorial de Abraham Lincoln.

Visiblemente emocionados tras meses de marcha, los jóvenes, procedentes de lugares tan dispares como California, Georgia, Utah y Ohio, expresaron su compromiso por seguir en la lucha.

«Vamos a seguir poniendo presión al presidente y a los legisladores para decirles que no somos criminales, somos estudiantes, tenemos títulos, podemos crear trabajo y enriquecer la economía», aseguró a Verónica Gómez, de 25 años y graduada en Justicia Criminal por la Universidad de East Bay, en San Francisco.

Gómez explicó que debido a su estatus migratorio no puede ejercer su profesión por lo que ha tenido que hacer todo tipo de trabajos: «de niñera, limpiadora, obrera de construcción, entre otros».

 ALFONSO FERNANDEZ

 

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