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Ruinas de Quiriguá centro arqueológico del arte maya

Durante 10 siglos, las ruinas de Quiriguá permanecieron en el olvido, en la densa y cálida selva de la planicie del río Motagua.

Durante 10 siglos, las ruinas de Quiriguá permanecieron en el olvido, en la densa y cálida selva de la planicie del río Motagua.

Este sitio arqueológico, situado en la cuenca del río Motagua, en Guatemala, fue una de las más pequeñas capitales mayas, pero a la vez una de las que se encuentran en mejor estado. Su apogeo tuvo lugar entre los siglos VI y IX.

El sitio está compuesto por el Centro Mayor, la Plaza Central (dentro de la cual se encuentran las estelas y monumentos zoomorfos), el Juego de Pelota, la Acrópolis (residencia de los gobernantes y la elite maya) y los monumentos, entre los que se destaca la Estela E, el mayor bloque de piedra tallado por los mayas, de 10,6 metros de alto, 1,5 metros de ancho y 1,27 metros de espesor.

Se encuentran además, otras estelas, esculturas zoomorfas (grandes rocas labradas en forma de animales mitológicos) y templo. Estos monumentos en piedra contienen numerosos jeroglíficos que contienen fechas y otros datos sobre la historia maya.

Descubiertas por azar en 1840, las excavaciones convirtieron a este lugar en centro de atención como culminación del arte maya, siendo declarada Patrimonio de la Humanidad en 1981, por su importancia fundamental para el conocimiento de la historia de esta civilización precolombina.

Durante 10 siglos, las ruinas de Quiriguá permanecieron en el olvido, en la densa y cálida selva de la planicie del río Motagua (departamento de Izábal). Como la Bella durmiente del bosque, los soberanos de piedra de la ciudad maya esperaban el fin de su largo sueño, para empezar a contar su increíble historia.

Y el momento llegó en 1840, cuando el artista inglés Frederick Catherwood redescubrió Quiriguá, y dibujó dos de sus estelas. Las difíciles condiciones de su estancia en la insalubre vegetación selvática no le permitieron quedarse mucho tiempo.

En 1841, el explorador americano John L. Stephens, colega de Catherwood, publicó el reporte y los dibujos de Quiriguá en sus Incidentes de viaje por Centroamérica, Chiapas y Yucatán, un libro que tuvo mucho éxito y dio a conocer al mundo el asombroso legado de los antiguos mayas.

De la ciudad de Quiriguá, Stephens expresaba: Su nombre se ha perdido, su historia queda misteriosa».

Por Nidia Cobiella

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