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Enrique Peña Nieto arranca gobierno con aprobación de reformas

Tras dos semanas en el poder, Peña Nieto puede presumir de haber logrado una reforma laboral, otra administrativa y de haber encaminado una reforma educativa, sorpresivamente sin oposición del poderoso sindicato de maestros.

El presidente de México Enrique Peña Nieto, quien enfrentó una complicada campaña, un triunfo impugnado y tomó posesión en medio de protestas, paradójicamente arrancó su sexenio con el pie derecho -un inicio que no tuvieron sus predecesores- con el rápido trámite legislativo de un paquete de reformas.

Tras dos semanas en el poder, Peña Nieto puede presumir de haber logrado una reforma laboral, otra administrativa y de haber encaminado una reforma educativa -sorpresivamente sin oposición del poderoso sindicato de maestros-, un balance que parece positivo en un país acostumbrado a lentas y prolongadas negociaciones en el Congreso, donde desde 1997 ningún partido ha tenido mayoría absoluta.

Peña Nieto tuvo “el mérito de entender temas cruciales» para el país con una «correcta y oportuna lectura de las agendas de los partidos y de los más importantes movimientos sociales en los últimos años”, dijo a la AFP Nicolás Lazo, doctor en Ciencias Sociales e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO.

El 3 de diciembre, dos días después de asumir, logró un pacto político con los tres principales partidos sobre acciones en cinco grandes temas: la seguridad y la justicia, el crecimiento económico, el combate a la corrupción, la gobernabilidad democrática y la seguridad social.

El pacto claramente fue apoyado por el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI que antes tuvo el poder entre 1929 y 2000), por el conservador Partido Acción Nacional (PAN, que había gobernado desde 2000) y con una parte de la izquierda representada en el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

El pacto desató una pugna en el seno del PRD. Corrientes cercanas al ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quien acusa al PRI de haber ganado la elección comprando millones de votos, se opusieron a firmarlo.

Esta semana, el Congreso modificó la Ley Orgánica de la Administración Pública, para suprimir la Secretaría de Seguridad Pública y pasar el control de la Policía Federal a la secretaría de Gobernación (Interior).

Esta dependencia había sido un pilar en la estrategia antinarcóticos de su antecesor Felipe Calderón, cuyo sexenio (2006-2012) estuvo marcado por más de 60.000 muertes.

Las actuaciones de la Policía Federal han estado salpicadas de escándalos, el más reciente fue el desatado por un ataque en agosto pasado de uniformados contra una camioneta diplomática en la que iban dos agentes estadounidenses y un marino mexicano.

El lunes 10, Peña Nieto presentó una reforma en materia educativa que busca que los profesores se sometan a evaluación y sean seleccionados por formación y méritos de forma transparente.

De aprobarse, el gobierno restará poder al controvertido Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación(SNTE), uno de los más fuertes de Latinoamérica con cerca de 1,2 millones de afiliados y al que se atribuye tener bajo control la designación de maestros.

Sorpresivamente, el sindicato, encabezado por Elba Esther Gordillo, una polémica lideresa criticada por su lujoso tren de vida y férrea dirección sindical, apoyó casi de inmediato la iniciativa.

Según Lazo, la lideresa del SNTE sabe que es mejor ceder sobre las plazas magisteriales y mantener el poder sobre las millonarias cuotas sindicales que genera el gremio.

En noviembre, antes de asumir, Peña Nieto ya había logrado destrabar la aprobación de una reforma laboral demandada por el sector empresarial y que flexibiliza la contratación, al instruir a los legisladores de su partido a que la apoyarán.

Para Lorenzo Meyer, historiador del Colegio de México, esta luna de miel, de la que no gozaron los últimos presidentes mexicanos, es sólo «de apariencias».

Si bien es cierto «que las fuerzas organizadas de México aceptan a Peña Nieto y le aplauden», hay otros grupos que le son adversos, consideró.

«La izquierda más radical no ha aceptado a Peña Nieto, ni quiere dialogar con él», indicó Meyer.

Mientras un sector del PRD se ha sentado a negociar con el gobierno el grupo que sigue a López Obrador, se ha mostrado reacio a pactar.

Dos veces candidato presidencial (2006 y 2012) López Obrador anunció en noviembre que creará un nuevo partido político a partir del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), provocando un cisma en la izquierda.

El apoyo, sin objeción que dio al pacto político la dirigencia del conservador PAN, también ha generado diferencias internas en ese partido, sobre todo porque el PRI «se mostró como la peor oposición» al obstaculizar las reformas que ahora quiere sacar en el Congreso durante los dos gobiernos de presidentes panistas, indica Lazo.

«Son juegos de equilibrio muy difíciles», aunque Peña Nieto «tiene una gran capacidad política (…) trabaja con equilibrios muy complicados», concluye por su parte Marcela Bravo Ahuja, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. AFP

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